Algo que suelen pedirme los dos o tres seguidores que tengo (entre los cuales no están mis padres, que bastante tienen con preguntarse qué error cometieron conmigo), es que cuente de dónde saco las ideas para escribir mis artículos.

Pues la verdad (ya lo habéis conseguido, pesaos) es que salen todas de mi infancia y sus contradicciones, de anécdotas y traumas, como aquella vez en la que una gitana le dijo a mi madre que yo, en un futuro, iba a conseguir grandes logros, mientras un reputado psiquiatra la conminaba a hacer mondongo conmigo, porque mucho más no iba a sacar, o como cuando jugando al futbol, en un partido de liga, a punto de lanzar una falta al borde del área, el portero del equipo contrario me gritó: “¡¡¡No se vale trallón!!!”.

wizardsofthecoast_dungeonsanddragons_logo

Vale que teníamos 13 años pero, ostia, es para coger al chaval, sentarle en una silla y decirle mientras se le infla a collejas: … A ver, repite conmigo… “División… regional… preferente”, “Federación… aragonesa… de… fútbol”, “Soy… mongolo”.

Esas cosas te marcan, dejan su huella. Puede que imperceptible en un primer momento, pero que, con el paso del tiempo, te hacen ser quien eres, te obligan a ello. Muchos momentos han llegado a mí para quedarse, con algunos supliqué, otros me tomaron al asalto, otros muchos, la mayoría, no me quisieron, o lo hicieron tanto que no aprendí a recordarlos. En ese listado hay libros, televisión, cine, tebeos y cómics, cómics y tebeos, la amistad y sus sucedáneos, algún que otro amor malogrado y, sobre todo, videojuegos, videojuegos a cascoporro: Conversacionales, matamarcianos, simuladores, plataformas, carreras, video-aventuras, deportivos… Lo probé todo. Me daba igual su dificultad, su procedencia, su idioma, me importaban un bledo sus gráficos (que te guste un videojuego por sus gráficos es como ver porno por el argumento) y mucho menos su sonido, aunque he de reconocer que disfrutaba mucho escuchando muchas de aquellas melodías. Jugué cada programa que cayó en mis manos y, cuando ya creía haberlo visto todo, aparecieron. No fue temprano, me pilló ya crecidito, y nada volvió a ser lo mismo.

Suikoden II

Oye, y estos juegos… ¿cómo dices que se llaman?

La respuesta me dejó frío ¿En qué planeta puede ser divertido algo con un nombre tan soso? “Rol”…Vamos a ver… Que se te quitan las ganas de jugar con sólo escucharlo. Es como la sopa, que sí, que está muy rica, pero con ese nombre… Hay veces que lo pronuncio al ir a comerla y se me cae la cuchara de la flojera que me entra. “Sssooopppaaa”. ¿Existe una palabra más rancia? “Solomillo”, “Panceta”, “Morcilla”, “Churrasco”… Eso son nombres con cuerpo, con fuerza, que los dices y te entra hasta hambre. ”Albóndigas”, la mejor de todas, sin duda, que en Aragón, como nos parecía poco, le hemos cambiado la B por una M, y ya suena que te da miedo comértelas, que no te atreves, que parece que te van a saltar los dientes de un guantazo. ¿Sopa? Vamos, no me jodas…

El caso es que entre sopa y sopa fuimos jugando a rol. Los primeros eran más simples que rimar con gerundios, pero nos encantaban. A mediados de los años setenta ya habían aparecido algunos juegos (Dungeon, Pedit5, Moria…), pero tuvo que llegar la década de los ochenta para que títulos como Akalabeth, Ultima o Wizardry consiguieran que acabase con más ojeras que el pingüino de Batman. Después, con los 16 bits, llegarían muchos otros: The Dark Heart of Uukrul, Dungeon master, Bards tale, Drakkhen, Might and magic, Eye of the beholder

Ahora hay cienes y cienes y para todos los gustos: japoneses, occidentales, tácticos, combate por turnos, combate en tiempo real, ambientación fantástica, medieval, contemporáneos, futuristas, para un solo jugador, cooperativos, o los ya famosos MMORPG, con cientos de jugadores en un mismo servidor. Tal es el éxito de algunos de estos juegos, que rara es la saga que no tiene segundas y terceras partes. De series como Final fantasy o Tales of, mejor ni hablo.

Clichés y más clichés

Tantas y tantas horas jugadas te llevan a fijarte en cosas en las que, de otro modo, jamás te habrías fijado. Algunos son fallos o descuidos, pero la gran mayoría son clichés, muchos de ellos ridículos, a los que nos hemos acostumbrado y vemos como algo normal, como que en mitad de una cueva llena de monstruos, te aparezca un vendedor. Y además te diga: “últimamente no tengo muchos clientes”. Pues qué raro, porque suelen ser lugares muy concurridos. Y, por cierto, da igual lo que les lleves, te lo compran todo. Aún tengo que ver a uno que diga: Que no, que no te voy a comprar ese pañal usado. Pero… pero… ¡¡¡si rebosa!!!, anda, llévatelo de aquí. ¡¡¡Qué tufo!!!

Lo bueno de estos juegos es que casi nunca tenemos problemas de dinero. Puedes entrar en una casa, abrir tranquilamente los cajones, coger lo que te apetezca, romper cosas como barriles, jarrones etc, que ahí no te va a decir nadie ni mu. Esas malas costumbres hacen que después, jugando a “Skyrim”, no pase ni un cuarto de hora antes de que nos hagamos unos “Sanfermines” delante de cuatro o cinco guardias.

Por el espacio de nuestras mochilas tampoco debemos preocuparnos, porque solemos tener inventarios en los que caben objetos que parece que tienes el bolsillo de Doraemon, con munición y pociones infinitas, por supuesto.

sif-el-lobo

Los enemigos son otro caso curioso. Razas que llevan siglos enfrentándose entre ellos, de repente, cuando tú apareces, se unen para luchar contra ti. Enanos, zombis, osos, arañas… y lo de matar a un lobo y que te suelte una espada eso ya es de traca. ¿Dónde la llevaba? Olvídalo, no quiero saberlo. Eso cuando no es el lobo el que la maneja, como en “Dark souls”, en el que un lobo estepario de doce metros de altura aparece con una espada en la boca que parece un avión. ¿Que quiere seccionarnos el gaznate? Pues a lo mejor no, oye, igual después de cenar se le quedó entre los dientes, esas cosas pasan. Sé de uno que hurgando con el palillo se sacó un triciclo.

Ya que estamos con los enemigos, no sé si os habéis fijado en que los jefes finales siempre están en la misma sala y la misma posición. Que tú piensas: esta gente no debe tener vida social, y además se tienen que aburrir cosica mala. Y no son los únicos, los sacerdotes de “Dragón quest 8: El periplo del rey maldito”, por ejemplo, siempre están a pié de púlpito sea la hora que sea, de día, de noche, llueva, nieve, o haga sol. Algo que, a nivel personal, no deja de sorprenderme, ya que, al cura de mi pueblo, en la iglesia no le veías, pero en el bar viendo el fútbol, tomando cañas, y jugando al tute… (Que, por cierto, cuando perdía se cagaba en Dios, el tío jodío).

Los personajes también tienen los suyo, sobre todo en los juegos orientales, que tú ves un tío llevando un arma cuatro veces más grande que él y piensas: “¿Éste es japonés, o vasco?”.

Otra cosa que me destruye son los diálogos, que son más raros que un gitano con gafas. ¿Y los puntos suspensivos? ¿Qué leches significan los puntos suspensivos? ¿Quieres decir algo pero te muerdes la lengua? ¿No sabes qué decir? ¿Tus padres eran hermanos?…

Ah, me olvidaba de los nombres. ¿Quién es el tío fumao que les pone nombre a los enemigos? Y tomo como ejemplo un personaje de Diablo 3 (Ya, ya sé que muy de rol no es) que me ha llamado poderosamente la atención. ¿Os imagináis? Nace el niño y la madre dice… Ostia qué feo, este va p’a monstruo, se llamará “Purulencio”. ¿De verdad? ¿Qué mierda es ésta?

cliches-rpg

Nos vemos en los bares

Me dejo en el tintero un montón de juegos, alguna que otra anécdota y un puñado de dudas existenciales como, por ejemplo, ¿dónde le muerde un vampiro a Fernando Alonso?, ¿por qué los Picapiedra festejan la Navidad si en su época Cristo aún no ha nacido?, o ¿por qué las tortugas ninja llevan antifaz?, debe ser que, como el mundo está lleno de tortugas mutantes de dos metros, no les queda otro modo de mantener el anonimato.

En el próximo artículo os contaré más cosas. Ahora debo impartir una conferencia sobre el procesado del tocino ibérico en finas láminas y su posterior difusión a través de las papilas gustativas y ondas cerebrales. Todo esto regado con unas cañas, “nos ha jodío”.

Sed buenos, o al menos no seáis muy malos. Un abrazo.

Written by: cropan

4 Comentarios Added

Join Discussion
  1. Me he reído lo mío mientra leía el artículo, debo reconocer que algunas de las cosas que planteas se me han ocurrido también a mi (y seguro que a la mayoría de los que lean el artículo, claro).

    A mi me hacen especial gracia los típicos juegos de rol cutres en los que siempre llevas la espada en la mano, tu personaje tiene una dolorosa incapacidad para enfundarla y lo mismo va de caza, que se toma unas cervezas en la taberna de turno, eso si… sin soltar la espada de una mano y el escudo de la otra.

    Y es que hay personajes que son muy sufridos, dispuestos para la batalla en todo momento, oiga.

  2. Gran artículo cropan! También me he reído mucho con tu forma de plantear las diversas situaciones, sobre todo con el tema de los puntos suspensivos. Siempre he querido pensar que es la forma que tiene la narrativa de crear pausas dramáticas, pero sí es cierto que a veces queda un poco “mongolín”, parafraseando a nuestro querido Jinchino.

    En todo caso gracias por el buen rato que me has hecho pasar aunque me hubiera gustado que a Sif, lobo del Dark Souls, le hubieras tratado con un poco más de cariño sf-laugh_gif

  3. Excelente!! Me alegró la mañana en la oficina.

    Y también, me puso a carburar de los cliches…despertar y que nos pregunten el nombre?? Y siempre nuestra cama en un primer piso?? Cosa é mandinga!!

  4. Sr. Cropan, ha sido un día muy duro en el curro y cuando “arrivo a casa” (con entonación italiana), me has terminado alegrando el día. Me gustan muchos tus artículos y éste en concreto ha tenido algún que otro momento glorioso.

    Eso si, me he quedado con una duda ¿tú no ves las películas porno por el argumento? joer, ¿será por los efectos especiales?

    Me ha gustado mucho el artículo y por cierto, a mi también me gusta la sopa. 🙂

fasebeta.net

faseßeta.net es lo que pasa cuando coges el cerebro de unos pocos jugones (bueno, la mitad que no usamos para jugar), lo mezclas con ganas de compartir con los demás, esfuerzo, dedicación, buen humor y una pizca de ron, y lo agitas todo en una coctelera.