P.P. Hammer

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Sucedió por casualidad. Del modo que dicen que ocurren las cosas que realmente importan, como la amistad, el amor o los frenazos en los calzoncillos.

1991. Capicúa. Era verano. Agosto, creo recordar. Una estación del año que, como todo el mundo sabe, tiene dos cosas buenas: No das palo al agua y las mujeres van enseñando escote con una alegría que acabas con un calentón que se te pone como la clavícula de un transformer. Vamos, que puedes partir nueces encima de un flan.

Ya me he perdido ¿Por donde iba? Ah, sí. La casualidad. Por si sola ya es peligrosa, pero si la juntas con otros elementos como la estupidez o el tedio extremo, puede llegar a ser devastadora. Yo nunca he sido muy listo y en la tele tampoco echan nada bueno, así que “Ahí lo have”.

La verdad es que decir que nunca he sido muy listo es… ¿Como explicarlo?…  ¿Conocéis esa costumbre que existe entre algunos proveedores de cobrar la mitad por adelantado? Pues yo debería cobrar el doble por retrasado.

Una tarde que estaba yo más aburrido que de costumbre, le dije a mi media neurona: “Oye, ¿y si nos acercamos a casa de mi amigo Joselito, que tiene las últimas novedades en juegos de “Commodore Amiga” y una hermana con dos melones como para dejar sin hambre al tercer mundo?… Pues hala, vámonos”.

Cuando llegué, la bendita casualidad hizo que él, que no salía de su cuarto ni para ir a tirar la basura (Jamás vi semejante puntería), estuviese en el salón visualizando un episodio de “Los caballeros del zodiaco”, y su hermana, que ya tenía la forma del culo dibujada en el sofá, se encontrase, más que entretenida, en la habitación de Josele frente al ordenador. ¡¡¡Y encendido!!!

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Miro a la izquierda… Anime, cerveza y patatas fritas. Miro a la derecha… Dos pezones como timbres de castillo. “Alea jacta est”. Rapiño la cerveza y las patatas y entro en la habitación, cierro la puerta tras de mi y saludo mientras pienso: “Te voy a frungir”. Mucha chulería mental pero al final nada de nada. Ella de vez en cuando me miraba y sonreía. Supongo que pretendiendo crear un ambiente mezcla de condescendencia y simpatía, pero yo tenía toda la sensación de estar recibiendo un mensaje claro y conciso: “Si no vas a saber que hacer después con ello, ni te acerques, ¿pa’qué?”

Es curioso como el miedo nos manipula. Sobre todo el temor al rechazo. Es descorazonador. Donde hubo un firme y primario propósito chuscador, solo quedaban ya fantasías y restos de patatas fritas.

Me autoconsuelo con frases como: “La intención es lo que cuenta” o esta otra muy bonita que reza: “De ilusión también se vive”, pero en mi cabeza no deja de retumbar una máxima demoledora: “El que vive de ilusiones es tonto de los coj… muy tonto”. En fin. Una pena.

El caso es que ahí estábamos. Ella jugando y yo… Bueno, yo en mi mundo.

Al principio no lo vi, porque estaba mucho más pendiente de su camiseta, pero cuando conseguí recoger todo rastro de baba caída me percaté de que lo que acaecía en el monitor tenía muy buena pinta y además se alejaba mucho del tipo de juegos que mi amigo solía mostrarme, seguramente porque a él no le gustaban.

Cuando quise darme cuenta había anochecido y yo me llevaba a casa un montón de discos de 3,5” y el recuerdo de una tarde muy agradable.

Seguimos quedando para jugar juntos y tomar algún café. Así fue como me encontré con juegos tan memorables como Brat, Norte y sur, Ruff n tumble, o Premiere. También descubrí, día a día, que la curva más hermosa de una mujer es la que dibuja su sonrisa. Algo que, a mis entonces 21 años, por muy buena voluntad que pusiese, me supuso un gran trabajo llegar a comprender.

EL MARTILLO DEL P.P. Y SU ARMA CON NEUMÁTICOS.

(o neumonía, no sé)

Tr bitsUna de aquellas revelaciones fue el título que hoy nos ocupa: “P.P. Hammer and his pneumatic weapon”. Único juego creado por Travelling bits y que fue distribuido por Demonware durante el año 1991 para Commodore 64 y Amiga, con Gunnar Lieder programando, Kai Magerkord participando en los gráficos junto a Erik Boker que también se encargó del diseño de niveles, y la música corrió a cargo de Dirk Magerkord. A pesar de tener esos nombres Teutones (mira, como la hermana de mi amigo), eran originarios de Estados Unidos, exactamente de Oregón (que coincidencia, como yo, que también soy Oregonés).

Se trata de un juego de plataformas con scroll multidireccional y claros toques de puzzle que nos obligará a pasar horas y horas delante de la pantalla intentando superar los 63 niveles que lo componen. Para realizar tal heroicidad contaremos con la ayuda de nuestro amigo P.P. Hammer, un minero que, armado con su martillo neumático, está dispuesto a no dejar títere con cabeza ni tesoro sin recoger, para lo cual necesitará explorar escenarios ubicados en la antigua Roma, castillos medievales, pirámides ancestrales y zonas congeladas. Existe además un quinto escenario formado por piezas de Lego, aunque solo podrá acceder a él cuando consiga entrar en una fase de bonificación.

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Para pasar de fase será necesario abrirnos paso perforando el suelo hasta encontrar todos y cada uno de los artefactos dispersos por el mapa, algunos de ellos escondidos con muy mala leche, y después llegar al lugar donde se encuentra la puerta que nos transportará al siguiente nivel y que, hasta que no hayamos obtenido el último de los tesoros, permanecerá cerrada a cal y canto. Todo ello, por supuesto, en una carrera contrarreloj.

Existen objetos repartidos por el mapeado que intentarán hacernos la tarea más sencilla, como latas de aceite con las que conseguir que nuestro martillo neumático trabaje más rápido, relojes de arena que incrementarán nuestro tiempo, llaves con las que abrir trampillas, corazones que nos añadirán una vida extra o pociones para conseguir rellenar nuestra barra de vida, saltar más alto, o incluso volvernos invisibles por un corto espacio de tiempo. También podremos encontrar unas señales en el suelo, que al pisarlas nos darán una pista sobre objetos escondidos o peligros inminentes y otras que intentarán guiarnos hacia el siguiente paso a seguir, aunque la mayoría se dedicará a darnos la bienvenida al nivel, o hacer algún tipo de broma o chascarrillo.

A esto hay que sumar los teletransportadores, algunos de ellos invisibles y que no tendremos más remedio que descubrir y memorizar para terminar la misión con éxito, y los suelos deslizantes, aunque éstos, más entorpecen que ayudan, la verdad.

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Los enemigos no son excesivamente variados. Prácticamente nos encontraremos con tres o cuatro distintos por escenario: Animales pequeños como serpientes, ratas o murciélagos, que tienen su recorrido y se limitan a seguir un patrón de movimiento, efigies que disparan proyectiles secuencialmente y guardias que nos perseguirán donde quiera que vayamos y que deberemos despistar o dejar bloqueados para librarnos de ellos. Lo mismo sucede con las trampas, que encontraremos siempre las mismas: Pinchos, fuego, zonas inundadas y muros que se derrumban. Realmente son pocas, pero las que hay están colocadas por una mente de pabellón psiquiátrico, convirtiendo el juego en un “campo de minas” al más puro estilo “Rick Dangerous” en el que nuestras mejores armas serán la paciencia, la práctica y la memoria. Eso sí, solo deberemos pasar cada pantalla una sola vez, puesto que, cuando acabemos un nivel, se nos concederá un código con el que poder continuar desde ese punto, y que os aseguro que guardareis como oro en paño.

Cada vez que excavemos y destruyamos un bloque no será definitivo ya que reaparecerá a los pocos segundos, con el consiguiente riesgo de dejarnos atrapados y morir, aunque si somos lo suficientemente listos y hábiles, podremos utilizar esto mismo para librarnos de los guardias.

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Si bien P.P. Hammer no pasará a los anales de la historia por ser uno de los mejores juegos de todos los tiempos, sí es cierto que resulta tremendamente adictivo y entretenido, con una dificultad ajustada y progresiva que puede llegar a causar que perdamos alguna que otra hora de sueño.

El movimiento del personaje es sublime, con una fluidez que pocas veces he visto. Los gráficos son coloridos y simpáticos, sin más pretensiones, y la música es simplemente correcta, aunque con momentos gloriosos, como la música que suena cuando nuestro protagonista consigue alcanzar la salida y se disfraza con un traje típico brasileño para cruzar la puerta al más puro estilo Carlinhos Brown.

Os recomiendo encarecidamente que lo probéis, para lo cual, conocedor de las dificultades que conllevan las configuraciones del emulador de Amiga, me he puesto a buscar un modo más sencillo para que podáis disfrutar del juego, y he encontrado un ejecutable con el que solamente deberéis preocuparos de pasarlo bien. AQUÍ os lo dejo junto con una «disección» de la pantalla para que sepáis que es cada cosa.

pantalla

1.- Vidas restantes.

2.- Puntuación.

3.- Tesoros que nos faltan.

4.- Tiempo.

5.- Objetos disponibles.

6.- Energía, salto y aceite.

7.- Pistas.

 

Por último, para los que os hayáis quedado con la duda de la forma que tiene un timbre de castillo, AQUÍ os dejo una bonita e instructiva imagen. Existe grave riesgo de espasmos, fiebre, e hipnosis inducida. Avisados quedáis.

Written by: Cropan

5 Comentarios Added

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  1. Vaya tela, me he quedado con las ganas de conocer a la hermana de Joselito la verdad, en cualquier caso me sorprende descubrir que eres un romántico perdido (eso de la curva de la sonrisa… irá con segundas, no??).

    No conocía el juego de nada, pero ya que has puesto un AQUI (bueno, dos), para facilitarnos la vida, voy a hacer click y a ver qué pasa…

    El resto del artículo, brutal como siempre… nunca volveré a ver la clavícula de un transformer como antes…

  2. No se que opinara Optimus pero a mi me ha gustado… curiosos el juego del minero este, solo le debe faltar cantar al maldito, en fin me he reído mucho, y eso en estos tiempos ya es algo.

  3. Como siempre, Cropan nos sorprende con unas introducciones dignas de ser mencionadas y recordadas. Yo no soy forofo de los transformers y no he jugado a ninguno de sus juegos pero a ver quien es el guapo que ve un transformers sin esbozar una sonrisilla.

    El juego la verdad es que tiene buena pinta. Eso del ejecutable «Free» sin instalaciones y mierdas de esas es un punto que anima a probarlo.

    Muy bueno Cropan.

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