Sabrina (Mojone’s world)

Antes de comenzar, os recuerdo que cada uno de los textos en “negrita” esconde una imagen o un enlace. ¿Ya estamos todos? ¿Tenéis la coca cola y las patatas fritas? (Hoy ganchitos no, que con el contenido de esta semana se os pondrá la colíca naranja). Pues hala, vámonos.

Caratula

Siempre he pensado que la mujer es el enemigo natural del hombre. Una especie que algo o alguien decidió que debía caminar sobre la tierra con el firme propósito de extinguir, si no al hombre, sí su paciencia. Ese alguien, en su “infinita sabiduría”, comenzó sin saberlo una batalla por la supremacía que ha perdurado durante miles de años, y ahí seguimos. No podemos vivir con ellas ni las podemos diseccionar, al menos legalmente. ¿Sexo débil? Anda, tira. No sabes lo que dices. Puede que suene un poco misógino, pero nada más lejos de la realidad. Me encantan las mujeres, las adoro, pero es que la experiencia me ha demostrado que son más malas que un dolor de huev… de oídos, y me dan mucho miedo. Nunca he sabido que decirles. No os confundáis, no es timidez, es prudencia. Y es que cada vez que les digo algo se cabrean. Preguntas como: “¿Qué tal me sienta este vestido?”, están hechas a mala leche, porque si tardas mucho en responder, mal asunto, y si respondes demasiado rápido, peor aún. ¿De verdad les resulta tan complicado entender que nos da igual los trapitos que se compren, que lo que queremos es poder irnos de la tienda cuanto antes? Luego tenemos esa otra maravilla: “¿Me quieres?”,  que realmente significa: “Te voy a pedir algo”. Y si la pregunta varía mínimamente hacia algo parecido a: “¿Cuánto me quieres?”, es que lo que nos van a pedir es caro de narices. Pero si existe una frase que los hombres nos causa pavor por encima de todas las demás es: “Tenemos que hablar”, que más o menos significa: “Me voy a quejar”. Os aseguro que es oírla, aunque sea con mi propia voz, y se me ponen los pelos como escarpias. A ver, que la repito: “Tenemos que hablar”, mira, mira, como se me pone la carne de gallina.

Nosotros somos más sencillos o, como a ellas les gusta decir, más simples. Lo blanco es blanco, “no” significa “no”, cuando decimos: “Tengo hambre” lo que queremos dar a entender es exactamente eso, que tenemos hambre,  y si nos interesamos por sus asuntos, sea del modo que sea, es que queremos sexo. Ya está. No hay más complicación.

Cada acto de la mujer es una incógnita para nosotros. De hecho, yo aún sigo sin saber por qué son incapaces de pintarse las pestañas con la boca cerrada.

Estoy en la cama, con fiebre y dolor de cabeza. Por eso estoy siendo comedido, porque en una situación normal estaría hablando mal de las mujeres.

Cuando empecé a escribir esto, mis intenciones eran básicamente dos: Intentar plasmar en un artículo el efecto que ciertas pechugas causaron en nuestro crecimiento, tanto físico como emocional, e intentar evitar que acabéis como nosotros porque, pese a quien pese, los frikis somos una creación de, entre otras cosas, las tres “Tit-stars” de los años 80: Samantha Fox, Sabrina Salerno y Danuta Lato. Esto es algo que me propongo demostrar, quizá no hoy, ni mañana, pero lo conseguiré.

A estas alturas, no creo que sea un secreto para nadie el hecho de que me gustan los pechos femeninos, es el único deporte de riesgo que practico, o intento practicar. Así que he de admitir, muy a mi pesar, que no todo en ellas me parece malo. Los hay grandes, pequeños, firmes, caídos, siliconados, en forma de huevo frito, de pera o de misil balístico. Los hay también con todo tipo de sabores aunque, con diferencia, mi favorito es el de pistacho. A todos les daría mazapán, pero ninguno causó tanto impacto en mi párvula (o quizá no tanto) subconsciencia como el que, durante la nochevieja de1987, saltó del corpiño de Sabrina Salerno para ir a caer directamente a la fama o, mejor dicho, al boca a boca y al despellejamiento de la doble moral que siempre ha coexistido con la envidia y la represión. Reconozcámoslo, lo que causó Sabrina con su descuido no fue el escándalo que muchos se apresuraron a sentenciar, sino una labor humanitaria porque, señoras y señores, durante aquellos años se veía mas contenido sexual en el Vaticano que en este país. Una buena parte de culpa la tuvo el realizador del programa (recordemos que las galas de nochevieja, nunca se realizan en directo), que se apiadó de nosotros y, no solo permitió que esas imágenes saliesen en pantalla, sino que, además, las repitió a cámara lenta en mitad de la actuación, ganándose la simpatía, unánime y silenciosa, de toda la población masculina  española. Un genio este hombre.

El impacto mediático fue tal, que no tardó en aparecer un videojuego que intentase meter la cabeza (Creo que, ahí en medio, la querríamos meter todos. Y la cabeza también). ¿No dicen que tiran más que dos carretas? Pues hala, a aprovechar el tirón.

Y ahora cambiemos de tercio, que estoy escuchando como mi mujer se acerca por el pasillo. Pero cambio porque yo quiero, ¿eh?

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Sabrina, el videojuego.

“Sabrina” apareció a los pocos meses en nuestras tiendas de la mano de “Génesis soft”, un equipo de programación con un currículum repleto de títulos tan soporíferos y espantosos como: “Funky Punky”, “Man-ollo: el cavernícola”,”Zortron”, o “Punk Star”. Ya de por sí, la licencia no llamaba precisamente al optimismo, y es que, cuando comienzas un proyecto con la única idea de ganar dinero a espuertas, mala dirección llevas. A los creadores les movió más la codicia que la intención de un trabajo bien hecho, y se notó tanto que acabó siendo un fracaso rotundo a pesar de la importante inyección propagandística de la distribuidora “Iber Software”. Importante y engañosa o, al menos, malintencionada. En letras bien grandes podían leerse reunidas frases que ya por separado eran para saltarles los dientes con un ladrillo: “Dos razones de peso le hacen ser el video juego más esperado y súper venta del año”, “Regálate el mejor juego del año: Sabrina”, “Porque tú ya tienes de todo, y lo nuevo que te ofrecen, si no es igual, es parecido… Sabrina es Diferent” (Sí, diferent. No me he comido ninguna letra), o mi favorita: “Juega a ser mayor” cuando realmente debería poner: ”Juégalo si tienes huevos”.

Recuerdo regresar a casa con la caja escondida bajo el jersey, temeroso de que alguien pudiese verme con ella, más aún después de haber soportado la acusadora mirada de la dependienta que parecía estar diciendo: “ah, pillín, la Sabrina, ¿eh? A saber que harás tú con eso, so guarro”.

La caja estaba compuesta de un pack que incluía dos cintas: Una con el juego, por llamarlo de algún modo, y otra con “Boys, boys, boys” y ”Hot girl”, los dos principales singles de la cantante, también por llamarla de algún modo.

El argumento es de agárrate y no te menees: Sabrina llega al aeropuerto de Barajas con la idea de dar una actuación en los estudios de TVE, situados en Pozuelo de Alarcón y, como hay huelga de taxis, no se le ocurre otra cosa que hacer todo el recorrido a pie (35 kilómetros de nada). En el camino se encontrará con todo tipo de fauna, desde curas y viejas beatas que quieren impedir a toda costa que tal inmoralidad aparezca por televisión, hasta yonkis que intentarán atracarla a punta de jeringuilla, fans babosos que sueñan con frotarse con ella, o terroristas que diseminarán bombas por doquier. Una excusa como otra cualquiera para poder colar un clon descarado de “Kung-fu master”, pero cutre hasta la saciedad.

Dispondréis de tres tipos de ataque (digo dispondréis porque yo no pienso tocar este juego ni con un palo) con el que libraros de los enemigos: “güantá” así a la remanguillé con la mano abierta, patada en la espinilla al más puro estilo “Pepe”, y tetazo “arranca-ojos”. Cada ataque es solamente útil con un tipo de enemigo, así que deberéis memorizar las combinaciones y usar cada golpe en consecuencia. Supongo, y me parece mucho suponer, que ahí reside la única gracia del juego.

Técnicamente el juego es lamentable. Una IA inexistente y unos movimientos toscos y nada fluidos acompañan a unos gráficos paupérrimos y a una pista de sonido realmente insoportable. Eso hablando de la versión Spectrum, porque la de Amstrad riza el rizo, apareciendo con gráficos monocromáticos y sin ningún tipo de sonido salvo unos crueles crujidos. Lo cojonudo es, que los señores de la revista “Microhobby”, le cascaron un notable alto y se quedaron más anchos que largos. Ver para creer.

Me despido esta semana haciendo mías por un instante las palabras de Gandalf el gris: “¡¡¡Corred, insensatos!!!”.

Written by: Cropan

5 Comentarios Added

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  1. Joerrr Este no lo cate ya que todo lo que rodeaba al titulo era un despropósito, eso si. También ha tenido sus cosas buenas, como este articulo y sus risas asociadas, aunque sea 25 años tarde 😀

  2. De verdad espero que tu señora no lea este artículo, porque te va a correr a gorrazos hasta Calatayud y como encuentre allí a la Dolores van a ser dos féminas coscorroneándote sin parar durante muchos más kilómetros.

    Dicho esto, grandísimo artículo, yo siempre fuy más de Samanta Fox, pero fíjate que creo que jugué este juego en su día… joder si es que íbamos como íbamos 😀

  3. jajaja, no se si comentar nada, que lo mismo lo lee alguna fémina y luego me pegan… dios que articulo… y que juego… en fin, te lo has currao, y gracias por las fotos!!!

  4. Mi señora siempre es la primera en leer todo lo que escribo. Ayer se reía mucho, precisamente porque sabe que mi personalidad es absolutamente distinta a todo esto que escribo. Me invento personajes, los modelo, y hablan a través de mí, pero eso no significa que comparta su opinión en todas las ocasiones.
    Me alegra saber que os ha gustado. Un abrazo.

  5. Muy bueno Cropan. Yo si soy de la generación que recuerda aquella teta danzarina que quiso hacer un solo pero del juego ni idea, la verdad.

    La verdad es que la introducción es como para que te lapide tu chica (y seguro que alguna más ayuda). Hombre, algunos ya sabemos eso de que te inventas personajes, es más, aprovecho la ocasión para decir: ¡QUEREMOS QUE VUELVA AGAPITO! Hala, ya lo he dicho.

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